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¡Un poco de Silencio! para Pensar, Opinar, Escuchar, Ver y Emocionar

Génesis

Publicado el 7 de Octubre, 2006, 22:36. en Historias Ficción.
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Este es mi primer escrito, de otros que voy a publicar sucesivamente en días posteriores, que intentarán contar una historia de ficción:

Una inmensa oscuridad y un profundo silencio, sin un afuera y sin un adentro. Sin formas, sólo infinito. No se podía distinguir un grano de arena, ni una montaña, ni el delante ni el atrás, tampoco arriba y abajo. ¡Si! era un sueño, ¡raro!, pero un sueño al fin. Me llamo Juan, ¡me llamo Juan!, me repetía insistentemente. Temía que no fuera un sueño, por eso repetía mi nombre una y otra vez, para mantener un punto de referencia al cual aferrarme. Mi corazón latía más rápido, ¿y si no fuera un sueño?. Tengo que despertar, tengo miedo, como si estuviera al borde de un abismo y estuviera a punto de perder el equilibrio y caer. Pasaba el tiempo y todo seguía igual. Tenía la sensación que vagaba sin rumbo por aquel infinito. Mi mente luchaba por ser racional, ¡esto es sólo un mal sueño! ¡pronto despertare!. No sentía mi cuerpo. Mis ojos eran lo único real para mi mente y mi corazón, porque ellos me mostraban la nada a mi alrededor. ¡No voy a desesperar! ¡pronto despertare!. Mi corazón seguía latiendo con un ritmo acelerado. No lograba despertar. Entonces, en ese momento tuve una certeza y decidí seguir el juego de mi sueño, porque tuve la seguridad que acababa de comenzar y quería saber adonde me llevaría. Sentía temor y a la vez valor, porque mi mente y mi corazón me repetían ¡Juan! ¡es solo un sueño!. En una de esas me llevaría a lugares y sentimientos de placer, aunque el comienzo no halla sido nada alentador.

Mucho tiempo después aprendí que el placer y el sufrir están en los extremos opuestos de una misma recta. Y que la intensidad de una de ellas no hace nunca desaparecer a la otra.

¡Una aventura!, ¿me atrevería a comenzar una aventura?, sin saber a ciencia cierta si se trataba de un sueño o alguna otra cosa. Pues ciertamente se que si. Ahora lo se, porque la historia que comencé fue literalmente una aventura apasionante, ¡completa! ¡llena!, y lo más importante, durante el tiempo que duro no me importó si era un sueño o no.

Comprendí rápidamente que me faltaba luz. Primer gran interrogante ¿donde ponerla?, ¿dentro?, ¿fuera?, ¿alrededor?, ¿arriba?, ¿abajo?, de la infinita oscuridad. Me di cuenta que debían compartir el espacio disponible, mejor dicho, repartirse de alguna forma el lugar que le correspondería a cada una y convivir por siempre juntas, pero separadas. Así fue y la luz apareció. A algún acuerdo llegaron, porque a partir de ese instante no hubo disputas entre ellas y cada una ocupo su lugar. Aunque se nota cierto recelo en la luz porque sabe que primero existió la oscuridad y en ella cierta desconfianza porque sabe que a la luz se la quiso y por eso existe.

Paseaba por mi espacio, a veces por la oscuridad y otras por la luz, pero no sentía mi cuerpo, ni que volara, ni que caminara, sólo sentía mis ojos a través de mis pensamientos y un lento desplazamiento que me permitía pasear, o por lo menos era lo que creía mi mente y mi corazón.

Cuando paseaba por los espacios de la oscuridad me sucedía algo interesante. Intuía que existían obstáculos y eso me producía cierta sensación de intranquilidad y un poco de miedo, pero el no verlos me daba valor para seguir. Al encontrarme con un obstáculo me costaba mucho enfrentarme a él y mucho más sobrepasarlo. Poco a poco me fui acostumbrando y aprendiendo. Después de un tiempo paseaba por la oscuridad siempre lentamente, pero con voluntad firme, sabiendo que había obstáculos en mi camino aunque no los viera y que llegado el momento debía enfrentarlos y resolver como sobrepasarlos. Por supuesto, tuve que resolver como hacia para saber por donde volver, para no encontrarme con los obstáculos que había sobrepasado en mi paseo de ida. No fue fácil resolver este problema y me llevo cierto tiempo y sobrepasar un mismo obstáculo de ida y de vuelta muchas veces. La orientación en la oscuridad es difícil pero no imposible y pienso que cada uno debe resolver este problema, más temprano o más tarde pero resolverlo a su manera. No existen normas, reglas o instrucciones escritas para aprender sobre este tema, cada uno debe aprender con su experiencia. Mi solución fue buscar un espacio con luz para volver.

Pasear por la luz me daba tranquilidad, pero a poco de comenzar me di cuenta, que el hecho de ver con anticipación los obstáculos en la mayoría de los casos aumentaba mi nivel de miedo y de fracasos durante mis paseos, porque volvía casi siempre sin sobrepasar dichos obstáculos. Muchas veces mi paseo por los espacios de la luz no comenzaban o tardaban en comenzar, porque mi mente analizaba en demasía el mejor camino de acuerdo a los obstáculos que veía, que no conocía, pero que intentaba con complejos cálculos evaluar si podría o no sobrepasarlos. La mayoría de las veces los juicios sobre los obstáculos eran erróneos y me llevaban al fracaso, es decir a no poder sobrepasarlos y para colmo a no saber nunca que debía conocer de él para sobrepasarlo. Por esta razón muchas veces prefería pasear por la oscuridad.

La luz y la oscuridad generaban una secreta y misteriosa armonía, entonces vi que aquello era bueno.

No se contar cuanto tiempo los espacios de luz y oscuridad existían sin necesitar nada más. De repente una gran energía lo lleno todo y se podía sentir en el infinito. Entonces sentí la necesidad de crear algo nuevo, que habitara en esos espacios para ser el refugio y la residencia de lo que estaba por venir.




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